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Médiums: los traficantes del dolor.



Descorrer el velo sobre las prácticas de aquellos que pretenden poseer capacidades para establecer comunicación con personas fallecidas, puede resultar a estas alturas, tan inefectivo para los que ya han caído en sus redes, como necesario para los que se sorprenden de que aún persista esta creencia. Lo que nadie puede negar es la existencia de un mercado lucrativo, edificado en torno a las supuestas dotes de estos personajes, en este artículo, dejaremos el más allá por un instante, para volver al más acá, a los afectados por estos traficantes del dolor ajeno, a los fraudes evidentes que hemos presenciado en nuestro país, y a las consecuencias que pueden llegar a producirse en sus víctimas.


Estamos demasiado acostumbrados a minimizar la importancia, a ser comprensivos, e incluso tolerantes con personajes que se lucran abiertamente de explotar las esperanzas de aquellas personas que han perdido a un ser querido, incluso en ocasiones estos han tenido acceso y acogida en los medios de comunicación, en España por ejemplo, hemos asistido a actuaciones como la de la médium Anne Germain, que protagonizó un programa de la cadena Telecinco titulado “más allá de la vida”, en este programa, la médium decía poder contactar con personas fallecidas en directo, generalmente amigos o familiares de personajes públicos que visitaban el plato.


El escandalo obvio tuvo lugar cuando un ex-empleado filtró que a Anne Germain se le entregaba previamente a la entrevista  un dossier actualizado con los detalles de las vidas de los personajes que iban a acudir, ella por supuesto negó informarse de esta manera, y aún hoy realiza tours por España, llenando las salas de personas deseosas de escuchar alguna palabra de aliento, alguna despedida, o algún mensaje desde el otro lado.


Pero no estamos solos, en EEUU se renueva constantemente esta tendencia, dando protagonismo a uno u otro médium, desde programas como “cruzando al más allá” de John Edward pasando por Matt Fraser, o Theresa Caputo, hasta el más actual y exitoso millennial que dice contactar con el otro lado, el joven Tyler Henry de 19 años deleita actualmente a la TV mediante el programa Hollywood Medium, contactando con artistas fallecidos de la talla de Brittany Murphy o Robin Williams, resulta bastante obvio su hablar nervioso y sus revelaciones de sentido común, pero de alguna manera ha conseguido atraer a la audiencia por las reacciones que provoca en las personas a las que entrevista, y eso a pesar de  incurrir en evidentes equivocaciones, por ejemplo cuando achaco al fallecido actor Robin Williams la enfermedad de Parkinson, cuando lo que realmente sufría era una demencia de los cuerpos de Lewy, pero no importa, esto no detiene a Tyler, que está dispuesto a aprovechar el tirón de la fama y la credulidad que le han otorgado, de hecho actualmente más de 15.000 personas están apuntadas a su lista de espera listas para recibir los mensajes del más allá que pueda ofrecerles Tyler, ha publicado un libro (Entre dos mundos:lecciones desde el otro lado, 2017) y quiere dedicar sus próximos años a “ayudar a los padres cuyos hijos se han suicidado” un campo para el cual no cuenta con formación alguna.


Respecto al espectáculo que representan estos personajes, a no ser que se posea información previa de la víctima, o se use el sistema de colocar “ganchos” en el público, la habilidad básica para ser un médium creíble consiste en usar y perfeccionarse en lo que llamamos “lectura en fríouna serie de técnicas sencillas que pueden hacer creer a las víctimas que el médium conoce datos sorprendentes sobre el sujeto, para ello es necesario analizar el lenguaje no verbal, calibrar los juicios constantemente, y hablar de forma intencionadamente confusa, usando a ser posible afirmaciones estilo Barnum, una vez conseguido, hay que guiarse por las reacciones emocionales y la confirmación gestual que se recibe como feedback, si la persona asiente, se le empañan los ojos, o da información gratuita sin haberla pedido, el médium sabrá que va por buen camino y continuará en esa línea, la impresión en la víctima será algo así como “ ¡wow! es increíble, si no le he dicho nada, ¿cómo ha podido saber que mi abuelo falleció?” a partir de ahí bastan una serie de referencias vagas y generales como “te envía su amor” “él está en la luz” o “dice que no te preocupes por el, que has estado sufriendo, pero lo que él quiere es que continúes tu vida” terminan dando el toque sobrenatural a la lectura, y sumando un adepto más a la causa del médium.


En el otro lado de la explotación del fenómeno del más allá, están aquellos que sacan provecho del campo de las experiencias cercanas a la muerte (ECM) que no solo vuelven a la vida para contar lo que han vivido, sino para vender su versión de los hechos, entre ellos destacan personas con formación científica superior, como el neurocirujano Eben Alexander, nuevos iconos de de la new age, como Anita Moorjani que sanó milagrosamente de su cáncer tras una experiencia cercana a la muerte. O explotadores del fenómeno de las ECM como el psiquiatra José Miguel Gaona, que lo mismo participa en exploraciones paranormales con instrumentos como el Psyleron, que recoge psicofonías en el llamado Proyecto Dachau  tratando de captar supuestas comunicaciones de los fallecidos cruelmente en ese campo de exterminio nazi. Y es que este tema cuenta con el interés perpetuo de la humanidad, y desgraciadamente a veces es aprovechado por personas que anhelan obtener suculentos beneficios a su costa.


Más allá de la opinión que mantengamos sobre estos personajes, debemos observar las posibles consecuencias de estas manipulaciones, que a nivel psicológico son evidentes, en psicología sabemos que las personas tras una pérdida han de transitar un proceso, el duelo, mediante una serie de pasos necesarios y naturales, los médiums usan ese estado inicial de vulnerabilidad temporal, atascando al sujeto en la primera fase, para obtener beneficio económico prometiendo un último contacto, lógicamente anhelado tras la pérdida, y bloqueando así su necesaria aceptación.


Las consecuencias de la interrupción del duelo pueden conllevar pérdidas económicas cuantiosas, al erigirse el médium como el único canal posible de comunicación, hasta manipulaciones más complejas del comportamiento de la víctima, especialmente si esta tenía mucho afecto o estima a la persona fallecida, de la cual el médium dice ser portavoz, a este peligro hay que añadir perjuicios tales como el estancamiento del superviviente en una fantasía perpetua de presencia, impidiendo que se rehaga a nivel social y afectivo evolucionando la situación entonces hacia un duelo patológico, este estancamiento puede terminar requiriendo asistencia psicológica profesional una vez la persona consiga liberarse de la influencia del médium.


Carlos Sanz Andrea.








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