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Pues a mi mas...



¿Habeis conocido alguna vez a alguien, que parezca siempre tener una historia mucho más importante, o más impactante que cualquiera que se le pueda contar? ¿Que responda a casi todo con “a mí más” o “pues a mi”? Es posible, se pueden haber vivido experiencias mucho más traumáticas, o simplemente más intensas que la mayoría, a veces personas que han vivido mucho no saben, o simplemente no quieren relatarlo con tanta intensidad, es normal, las historias son potentes, hay incluso carreras profesionales,instituciones, o negocios edificados en torno a historias de superación, respecto a nosotros carece de sentido comenzar a calibrar cuál es la historia personal que nos parecerá más conmovedora, porque todos nosotros sabemos que es la nuestra, la de cada uno, considerar las cosas que nos pasan a nosotros mismos como más importantes que las que les pasan a los demás, resulta en cierto modo, inevitable, tal como solía decir bromeando Dale Carnegie  “si a usted le duelen las muelas ese dolor es más importante que todos los terremotos del mundo” y no es egoísmo, es que eso que está pasando, te pasa a ti, y no habrá nunca nada que posea una valoración más intensa, que aquello que nos pasa a  cada uno.


El problema surge cuando se llega a tener tanta adicción a ese estilo autorreferencial, que  las personas se terminan quedando solas, hablando de sí mismas, para evitar eso es necesario activar la empatía, como repite la Psicología una y otra vez es importante mentalizarse y saber, que aunque hayamos pasado por mil y una anécdotas, la vivencia, la percepción, o la expresión personal de quien tenemos delante es importante per se,no porque sea la historia más excepcional, sino porque es la que pertenece a esa persona en particular, eso merece respeto. Las espirales autorreferenciales suelen impedir dos cosas muy importantes, en primer lugar escuchar, y en segundo lugar  adquirir conocimientos nuevos, convirtiéndonos en seres que niegan ayuda, y que también se niegan a dejarse ayudar,  cuyas expresiones cristalizan en el prejuicio, antes siquiera de establecer la comunicación, es el famoso “Tú, que no has pasado por esto, no puedes entenderlo” desgraciadamente pasar varios años de bloqueo, no suele crear expertos, ni otorga conocimientos especiales para aprender a desbloquear las cosas.


¿Hacia dónde se inclina nuestra percepción para caer en estos extremos? En Psicología mantenemos que existen dos formas básicas de percibir como los eventos influyen en nuestra vida. Podemos poseer el llamado locus de control externo, que nos generará una tendencia a percibir que son los sucesos, la suerte, el poder, y las actuaciones de los demás lo que finalmente determina nuestras vidas, o bien podemos ser de esas personas que cuentan con un locus de control interno, aquellas que sienten que su esfuerzo y sus capacidades son las que determinan su mundo, y no al revés.


Y como seres complejos que somos, ninguna de estas formas de percepción debería ser a priori negativa, al menos mientras se anteponga una correcta gestión y manejo de las distorsiones más habituales, la forma de ver las cosas no es definitiva ni absoluta ¿los riesgos? las personas que crean que pueden dominarlo todo, y que todo está bajo su control, pueden ver la ansiedad y estrés alzarse, especialmente cuando se enfrenten a sucesos que deben aceptar y no puedan modificar, sucesos inevitables de sobrellevar durante la existencia, tal como decía Niemeyer cuando la concebimos como una serie de pérdidas o duelos en cadena, una buena capacidad para tolerar y procesar estas pérdidas beneficiaria a las personas con locus de control externo, que en el otro extremo se encuentran con la posible sensación de sentirse vapuleados por las influencias externas, sin poder ni control sobre los eventos de su vida, con el riesgo de caer en un estado de indefensión aprendida y (nada de lo que hago sirve para nada) con las consecuencias que esto tiene para desembocar en trastornos como la depresión.

Carlos Sanz Andrea.

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