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El éxito.



El éxito…


...no siempre tiene que ver con lo que mucha gente ordinariamente se imagina, no se debe a los títulos que tienes, sean de nobleza o académicos, ni a la sangre heredada, o a la escuela donde estudiaste.


No se debe a las dimensiones de tu casa, o a cuántos autos caben en tu garaje, o si son o no del último modelo.


No se trata de si eres el jefe o el subordinado, si te ascendieron, o sigues siendo el último obrero de tu empresa.


No se trata de si eres miembro prominente de clubes sociales, o de si sales en las páginas de los periódicos.


No tiene que ver con el poder que ejerces, o si eres un buen administrador, si hablas bonito, si las luces te siguen cuando lo haces, si eres religioso o no.


No es la tecnología que empleas, por brillante o avanzada que esta sea.


No se debe a la ropa que usas, o si gozas de un tiempo compartido, si vas con regularidad a la frontera, o si después de tu nombre pones siglas deslumbrantes que definen tu “status” social.


No se trata de si eres emprendedor, hablas varios idiomas, si eres atractivo, si eres joven o eres viejo….


El éxito….


….se debe a cuánta gente te sonríe, y a cuánta gente amas a cuántos admiran tu sinceridad y la sencillez de tu espíritu. Se trata de si te recuerdan cuando te vas.


Se refiere a cuanta gente ayudas, a cuánta gente evitas dañar, y si guardas o no rencor en tu corazón. Se trata de si en tus triunfos incluiste siempre tus sueños. De si no financias tu éxito en la desdicha ajena, y de si tus logros no hieren a tus semejantes.


Es acerca de tu inclusión con los otros, no de tu control sobre los demás, de tu apertura hacia los otros, y no de una simulación para con ellos.


Es sobre si usaste tu cabeza tanto como tu corazón, si fuiste egoísta o generoso, si amaste la naturaleza y a los niños, y te ocupaste de los ancianos.


Es acerca de tu bondad, tu deseo de servir, tu escuchar y tu valor sobre la conducta ajena. No es acerca de cuantos te siguen, sino de cuantos realmente te aman.


No es acerca de transmitir todo, sino de cuantos te creen, de si eres feliz o finges estarlo.


Se trata del equilibrio, de la justicia, del bien ser que conduce al bien tener y al bien estar.


Se trata de tu conciencia tranquila, tu dignidad invicta, y tu deseo de ser más, no de tener más.


Carlos Sanz Andrea

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