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Jim Jones: un apocalipsis silencioso.





Thank you for everything. You are the only. You are the only. And I appreciate you. from death Tape FBI No. Q042 últimas palabras de una mujer anónima a Jim Jones, mientras se empezaba a ejecutar el suicidio colectivo.


El paraíso en la tierra


Se van a cumplir cuarenta años desde aquel fatídico 18 de noviembre de 1978 un día en que el mundo miraba horrorizado hacia una recóndita región de la selva de Guyana, el día en que Jim Jones, antes reverendo, ahora administrador de corte comunista, consiguió llevar a sus acólitos hacia el desenlace que tanto había deseado y planeado. Jones estaba harto de la vida, para él era una enfermedad. Exiliado de los EEUU por varias cuestiones judiciales, entre ellas la custodia de su hijo adoptivo, había decidido adquirir unos acres de tierra en un terreno fangoso, infértil, asediado por temperaturas extremas y lluvias torrenciales, el lugar donde se levantó contra viento y marea la comunidad de Jonestown, y donde se trasladó Jim junto al templo del pueblo (People's Temple) su congregación, que muy pronto se convertiría en su secta. Los miembros del templo lo siguieron hasta aquel “paraíso en la tierra” como lo llamaba Jones, muchos de ellos para entonces ya habían vendido todas sus posesiones, habían donado sus bienes y sus ahorros al reverendo, habían confiado en él, y no pocos se encontraron aislados allí, sin pasaporte, ni posibilidades económicas de regresar a los Estados Unidos.


El templo del pueblo no surgió de un dia para otro, fue un trabajo de décadas, una comunidad interracial que creció a raíz de una necesaria lucha contra la injusticia y la segregación, tan propia de aquellos años, una causa que el reverendo Jones supo explotar para sus propios intereses, y lo hizo con mucho éxito, su grupo pasó de tener 20 miembros en sus inicios hasta casi 20.000 en su momento de máximo esplendor en San Francisco. Pero conforme crecía su número de miembros, las ansias de poder y la paranoia de Jones aumentaban exponencialmente, su autoridad se volvió incuestionable, hasta tal punto que se obedecían todos sus deseos de inmediato, sabemos que Jones usó a sus fieles para inclinar el voto a favor de ciertos políticos (p.e:el alcalde George Moscone de California) y a cambio estos luego lo beneficiaban con cargos e influencia, en esta escalada de popularidad llegó incluso a ser distinguido con el premio Martin Luther King por su defensa de las libertades civiles.


Pero tras esa fachada, las ambiciones del reverendo crecían cada vez más, en su búsqueda de control no dudo en recurrir a una espectacular variedad de engaños, con objeto de dominar y captar a nuevos seguidores, desde presuntas curaciones milagrosas, pasando por humillaciones públicas, hasta el uso de drogas. Poco a poco los miembros del templo del pueblo llegaron a considerar a Jones como un amigo, como un padre, como un dios.




El poder de atracción


“Puedo hacer todo lo que desee porque me he sacrificado para que todos vivieran bien” (Jim Jones,septiembre de 1977)


Sería un error grosero, y de hecho lo fue, infravalorar las dotes de Jim Jones para manipular a sus seguidores, era un experto explotador de causas legítimas, y contaba con una cuidadosa fachada dirigida al exterior, lo que sumado a sus extraordinarias capacidades de orador carismático, le hacía parecer inmensamente atractivo en el contexto en que se movía, además estaba adelantado a su tiempo, y como reverendo en Indiana fue el impulsor de varias causas sociales hacia los más desfavorecidos, para cuando la presión contra el se hizo inaguantable, decidió trasladar a los fieles que aún le quedaban hacia un “proyecto de agricultura de corte comunista” que en su honor se bautizaría como Jonestown.


En esta “utópica” comunidad se usaron técnicas de manipulación coercitivas, jornadas agotadoras a altas temperaturas, mala alimentación, así como varios simulacros de suicidio, en su creciente paranoia Jones se obsesiono con la traición, para detectarla  organizaba las llamadas “noches blancas” en las cuales pedía a sus seguidores ingerir bebidas que supuestamente contenían veneno, para que así le demostraran su lealtad.


En Jonestown además se perpetraron varios abusos contra muchos de sus miembros, las humillaciones públicas se incrementaron hasta límites insólitos, debido a la afición de Jones a registrar sus discursos se han llegado a encontrar grabaciones con confesiones de individuos sometidos a confinamiento en espacios muy reducidos (cajas) las enfermedades tropicales, el maltrato infantil, los castigos mediante descargas eléctricas, la falta de sueño, y el aislamiento total de información excepto la que el propio Jones proporcionaba distorsionada o inventada, eran la tónica de cada día en Jonestown. Y por supuesto la temida cancha de baloncesto, que nunca se uso para tal fin, sino para ejecutar castigos públicos y dar "ejemplo" a la comunidad


‘Mantengamoslos  pobres y agotados, si no tienen recursos no podrán escapar, si están agotados no podrán planear nada” (Jim Jones)


Además de las torturas y la ruptura de los vínculos familiares, existió también un control sexual, en el que Jones se alzaba como el único macho alfa capaz de tener relaciones con ambos sexos, mientras que a sus acólitos les recomendaba el celibato, una técnica extrema de control que fue usada por otros líderes sectarios como David Koresh o Michael Travesser.




Aquellos que piensen que esto ya no tiene posibilidad de repetirse, harían bien en plantearse cosas como la del hombre que se ha autoproclamado Jesucristo en Australia, siempre es el mismo esquema, un líder reúne a una comunidad, la aísla,  usa tácticas para controlarla física y mentalmente, mientras les amenaza o les da esperanza con el final de los tiempos, todos ellos son potenciales Jonestown. Pero todo esto es más grave por el proceso no por el fin, todos los grupos coercitivos se esfuerzan en controlar a sus seguidores con estas mismas tácticas, en estas mismas fases, y hoy son más inteligentes, se disfrazan para que no los percibamos tan extremos, pueden centrarse únicamente en el crecimiento económico, pueden tocar otras temáticas, centrarse en el dominio mental, o incluso en el abuso físico, es jugar a la ruleta, el mínimo daño será el económico, el maximo una desestructuración de la personalidad, el abuso o incluso la muerte, y es que todos los grupos sectarios pseudoterapeuticos o mesiánicos, tienen como última instancia un solo objetivo, reproducirse, controlar, explotar, y terminar usurpando las vidas de sus víctimas.


El capítulo final en Jonestown, que precipitó la terrible catástrofe que vino a continuación, fue la visita del congresista demócrata Leo Ryan, que junto a un grupo de periodistas se desplazó a Guyana como observador, a raíz de algunas peticiones de familias que tenían a sus miembros en Jonestown y estaban preocupadas por su seguridad. A esta comitiva,  les pasaron notas en secreto mientras estaban allí en las que ponía "Por favor, ayudadnos a salir de Jonestown" los miembros que quisieron huir fueron asesinados por la gente de Jones junto con el propio congresista mientras trataban de subirse al avión que había de regresar a los EEUU. Este suceso terminó de precipitar toda la paranoia y la urgencia de Jim Jones que intoxicado por las drogas, improviso su último discurso para convencer a su comunidad de que abrazara la muerte, "tu vida sin mi no tiene sentido alguno" dice Jones a C. que le replica su decisión de acabar con todo, resultado 909 fallecidos, unos 200 de ellos menores de edad,  por ingesta de cianuro mezclado con jugo de cereza.


Aquellos que olvidan su historia


Hoy, solo en españa el número de personas que forman parte de una secta, se estima entre 300.000 y 400.000 un problema extraordinariamente grave, pero no reconocido como tal, sobre el cual demasiadas veces no existe ni protección, ni interés, se superpone la libertad de la víctima sobre la intervención exterior, cuando es precisamente esa libertad la que está siendo coaccionada por los métodos de control mental y conductual de la secta.


Podemos llegar a pensar que Jonestown fue un caso aislado, que sucedió hace ya décadas, que ya aprendimos la lección, y que nunca más volverá a repetirse, precisamente en el techo del pabellón central, justo encima del “trono” de Jones como una oscura profecía colgaba una frase de Nicolás Avellaneda “aquellos que no recuerdan su pasado están condenados a repetirlo”.




Porque lo que hizo Jim Jones no es más que un ejemplo extremo de un proceso, un proceso que se repite una y otra vez en cualquier grupo coercitivo, aquel reverendo escondido tras sus características gafas oscuras, primero les encantó, luego los engañó, después los despojó de sus recursos, los apartó de sus familias, los separó de sus amigos, los aisló, y finalmente tras doblegar su voluntad, término convenciendoles para que aceptaran la muerte.


Cada vez que una pseudoterapia o pseudociencia termina borrando de la faz de la tierra a aquellos que ya no pueden levantar la voz, cada vez que el gurú de turno recibe millones de euros de víctimas engañadas ante sus promesas de sanar enfermedades crónicas o mortales para las que no existe cura, cada vez que  un iluminado capta a menores de edad para su satisfacción sexual o narcisista, cada vez que un individuo se convierte en objeto de adoración sosteniendo una presunta verdad absoluta, y consigue que otras personas comiencen a ceder parte de sus vidas, nos encontramos con un potencial desastre. Son vidas que se van destruyendo sin que nadie parezca darse cuenta (ni el propio afectado) como un apocalipsis silencioso que se cierne sobre cientos de miles de individuos, todo eso está aquí, todo eso está sucediendo hoy, en nuestro S.XXI más activo y más pernicioso que nunca, debemos por tanto ocuparnos de informar, alertar, y denunciar cualquiera de las manipulaciones con las que nos encontremos, dia tras dia, antes de que estos grupos generen sufrimiento a nuestros semejantes o se produzcan pérdidas irrecuperables.


Carlos Sanz Andrea.


               



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